31 de enero de 2007

Poesía de la mente: Wallace Stevens

EL EMPERADOR DE LOS HELADOS
THE EMPEROR OF ICE-CREAM

Llama al arrollador de cigarrones,
aquel robusto, y dile que revuelva
en ollas de cocina concupiscentes grumos.
Gasten flema las chicas vistiendo como suelen,
y tráiganles aquellos jóvenes
flores arrebujadas en periódicos viejos.
En ser el parecer acabe transformado.
Único emperador es el emperador de los helados.

Del ropero de pino, al que le faltan ya
tres de sus diáfanas perillas, toma
la sábana en la cual una vez bordó ella
colas de pavorreal, y tiéndela de modo
que tape bien su cara. Si quedan descubiertos
los pies callosos, mostrarán así
cuán fría y silenciosa yace.
Que la lámpara fije los rayos fulgurados.
Único emperador es el emperador de los helados.

Wallace Stevens

Versión de Jaime García Terrés

EL HOMBRE DE NIEVE
THE SNOW MAN

Se debe poseer un espíritu de invierno
para observar la escarcha y las ramas
de los pinos encostrados de nieve;

y haber tenido frío durante largo tiempo
para contemplar los enebros erizados de hielo,
los rudos abetos en el distante resplandor

del sol de enero; y no pensar
en ningún dolor en el sonido del viento,
en el rumor de unas pocas hojas,

que es la voz de la tierra
llena del mismo viento
que sopla en el mismo desnudo paraje

para el que escucha, el que escucha en la nieve,
y, nada en sí mismo, contempla
esa nada que no está allí y la nada que está.

Wallace Stevens

Versión de Alberto Girri

DE POESÍA MODERNA
OF MODERN POETRY

El poema de la mente en el acto de hallar
Lo que habrá de bastarle. No siempre hubo de hallar:

La escena era precisa: repetía
Lo que había en el guión.
Entonces el teatro
Cambiaba en algo más. Y su pasado era un recuerdo.

Ha de vivir. Saber el habla del lugar.
Ha de encarar a los hombres del tiempo,
Hallar a las mujeres del tiempo; pensar acerca de la guerra
Y hallar lo que habrá de bastarle. He de
Edificar un escenario nuevo, estar sobre el escenario
Y, tal actor insaciable, lentamente y con
Meditación decir palabras que en el oído
En el más delicado oído de la mente, repitan
Exactamente lo que quiere oír, en cuyo
Sonido, un invisible auditorio escucha
No la pieza, sino a sí mismo, expresada en una
Emoción como de dos personas, como de
Dos emociones convirtiéndose en una. El actor es
Un autor metafísico en lo oscuro, tañendo
Un instrumento, tañendo tensas cuerdas que producen
Sonidos que atraviesan súbita equidad, que contienen
En su totalidad la mente, debajo de la cual no puede
Descender, fuera de la que no habrá de subir. Debe
Ser el encuentro de una satisfacción, y
Quizá de un hombre patinando, una mujer que baila, una
Mujer peinándose. El poema del acto de la mente.

Wallace Stevens

Versión de Andrés Sánchez Robayna

ESTHÉTIQUE DU MAL

FRAGMENTO

I

Estaba en Nápoles y escribía a su gente.
Entre una carta y otra leía párrafos
sobre lo sublime. El Vesubio había gruñido
un mes. Era agradable estar ahí sentado:
cálidos fulgores trazaban ángulos de llamas
sobre los cristales. Por ser un ruido antiguo
podía describir el terror de ese ruido.
Recordó las frases: pena audible al mediodía,
pena que a sí misma se apena, pena
que mata penas en el ápice de la pena.
El volcán trepidaba en otro éter
como al fin de la vida el cuerpo tiembla.

Casi la hora del almuerzo. La pena es humana.
Rosas en el fresco café. En su libro
estaba escrita la perfecta catástrofe.
Si no fuese por nosotros, el Vesubio, sin pena,
con fuego sólido consumiría estas tierras extremas.
No sabe que los gallos cantan al morir.
Ante esta faz de lo sublime, huimos.
Y sin embargo, si no fuese por nosotros
nada sentiría el pasado entero al ser destruido.

Wallace Stevens

Versión de Octavio Paz

30 de enero de 2007

Haiku

El sol labriego
transfigura las cosas,
y yo estoy ciego...

José Dolores Frías

Cuando un hombre entra en una mujer

CUANDO UN HOMBRE ENTRA EN UNA MUJER
WHEN A MAN ENTERS A WOMAN

Cuando un hombre entra
en una mujer,
como el oleaje que muerde la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca de placer
y sus dientes brillan
como el alfabeto,
Logos aparece ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo,
para que nunca más estén separados
y la mujer
sube a una flor
y Logos aparece
y desata los ríos.

Este hombre,
esta mujer
con su doble hambre,
han procurado penetrar
la cortina de Dios,
lo cual brevemente
han logrado
aunque Dios
en su perversidad
deshace el nudo.

Anne Sexton

Versión de Beth Miller

Noche invernal de un anciano

NOCHE INVERNAL DE UN ANCIANO
AN OLD MAN'S WINTER NIGHT

Más allá de las puertas, a través de la helada
que cubre la ventana formando unas estrellas
dispersas, en la sombra, el mundo esta mirando
su cara: está vacía la habitación. Y duerme.
La lámpara inclinada muy cerca de su rostro
le impide ver el mundo. Ya no recuerda nada.
Y la vejez le impide recordar en qué tiempo
llegó hasta estos lugares, y por qué está aquí solo.
Rodeado de toneles se encuentra aquí perdido.
Sus pasos temblorosos hacen temblar el sótano:
lo asusta con sus pasos temblorosos: y asusta
otra vez a la noche (la noche de sonidos
familiares ). Los árboles aúllan allá afuera;
todas las ramas crujen. Una luz hay tan sólo
para su rostro, quieta, una luz en la noche.
A la Luna confía —en esa Luna rota
que por ahora vale más que el sol— el cuidado
de velar por la nieve que yace sobre el techo,
de velar los carámbanos que cuelgan desde el muro.
Sigue durmiendo. Un leño se derrumba en la estufa.
Despierta con el ruido. Sobresaltado cambia
de lugar. Es la noche. Respira suavemente.
No puede un viejo solo llenar toda una casa,
un rincón de los campos, una granja. No puede.
Así un anciano guarda la casa solitaria,
en la noche de invierno. Y está solo. Está solo.

Robert Frost

Versión de Miguel Arteche

29 de enero de 2007

Haiku

el gorjear
crece y después declina
hasta el silencio

Takahama Kyoshi

Versión de José María Bermejo

De Jenaro Talens

TERRITORIOS DE UN CUERPO

FRAGMENTOS

II

Déjame ser el huésped de tu boca,
la lentitud con que el calor recorre tu desnudo.
Soy como el frío de una noche desierta,
pronto a buscar cobijo en los derrumbaderos
donde hace nido la melancolía.
Hay tanto resplandor, la luna es tanta
que me deslumbras con la calidez
de tu silencio, y me sumerjo en ti.
Nunca pensé una eternidad tan cerca.

V

Apaga las estrellas,
desconecta el sol.
Quiero adentrarme a tientas
por los acantilados de tu piel,
reconstruir sobre tu boca
las letras, una a una,
con que dar nombre al fuego,
a la locura de saber que he visto
el cielo tan de cerca, o no, tan mío
que mi país se llama medianoche.
¿Quién eres? ¿Dónde estás? Qué importa,
si te elegí entre todas las estrellas.

VII

Detrás de mi silencio oíste «no»,
cuando quise decirte que no hay olas sin
la polilla del tiempo, su escozor,
o el duermevela de un escalofrío.
De mi antigua ambición no queda nada,
quizá no más de un torpe balbuceo
quemado en el rescoldo de tu boca.
Déjame a solas con la muerte.
Para impregnarme de tu luz
fue necesaria la tiniebla.
Luego, al quebrar el alba,
con un desasosiego
que tiende a confundirse con la oscuridad
busco tus ojos en los míos
para que me confirmen que viví. ¿Me entiendes?
También yo, como el sol, me pondré un día.
Escribiré un poema sin mujer, sin nada,
y al leer las palabras que dan forma a mi rostro
tal vez no adviertas que no estoy. Abrázame.
Pido la vez para apagar el sol.

Jenaro Talens

Que no hay amor feliz

QUE NO HAY AMOR FELIZ
IL N'Y A PAS D'AMOUR HEUREUX

Nada tiene seguro
El hombre ni flaqueza
Ni fuerza ni corazón
Si cree abrir los brazos
Una cruz es su sombra
Cuando quiere ceñir
Su vida la destruye
Es su vida un extraño
Doloroso divorcio
Que no hay amor feliz

Se parece su vida
A soldados sin armas
Que se hubiera vestido
Para muy otro fin
De qué puede servirles
Alzarse de mañana
Para hallarse a la tarde
Desarmados sin fe
Repetid «vida mía»
Y contened el llanto
Que no hay amor feliz

Amor mi bello amor
Desgarradura mía
Yo te llevo en mi ser
Como pájaro herido
Y aquéllos sin saber
Miran cómo pasamos
Diciendo tras de mí
Palabras que he trenzado
Y por tus grandes ojos
Murieron sin vivir
Que no hay amor feliz

De aprender a vivir
No hay tiempo es tarde
Lloremos en la noche
Nuestro llanto al unísono
Con cuántas pesadumbres
Pagamos un temblor
Y con cuántos dolores
La mínima canción
Por un son de guitarra
Cuánto hay que gemir
Que no hay amor feliz

Que no hay nunca amor
Que no sea un dolor
Que no hay nunca amor
Que no nos llegue a herir
Que no hay nunca amor
Que no pueda humillar
Ni el amor a la patria
Más que el amor a ti
Que no hay nunca amor
Que no haga llorar

Que no hay amor feliz
Nuestro amor es así

Louis Aragon

Versión de José Ángel Valente

26 de agosto de 2006

En celebración

EN CELEBRACIÓN
IN CELEBRATION

Estás sentado en una silla, nada te toca, sientes
cómo se vuelve el viejo ser un ser más viejo, imaginas
sólo la paciencia del agua, el fastidio de la piedra.
Piensas que el silencio es la página de más,
piensas que nada es bueno, ni malo, ni siquiera
la sombra que invade la casa mientras tú miras, sentado,
cómo la invade. Otras veces la has visto. Tus amigos
pasan tras la ventana, en sus rostros la marca de la pena.
Quisieras saludarlos pero no puedes ni alzar la mano.
Estás sentado en una silla. Te vuelves hacia la yerbamora
que extiende sobre la casa su red ponzoñosa.
Pruebas la miel de la ausencia. Es lo mismo.
Dondequiera que estés, es lo mismo que se pudra
la voz antes que el cuerpo o que se pudra el cuerpo
antes que la voz. Sabes que el deseo lleva a la pena,
la pena a la consumación, la consumación
al vacío. Sabes que esto es diferente, esto
es la celebración, la única celebración,
sabes que si te das entero a la nada
habrás sanado. Sabes que hay alegría en sentir
cómo tus pulmones preparan su futuro de ceniza,
y así esperas, miras y esperas: el polvo se establece.
Rondan la sombra las horas milagrosas de la infancia.

Mark Strand

Versión de Octavio Paz

25 de agosto de 2006

Anadiómene

ANADIÓMENE

Heme aquí.
Amanece una rosa de bienaventurada luz,
y en ella voy surgiendo con las manos tendidas;
al azul de los cielos me invita la bonanza.
Súbitamente
los terrenales vientos irrumpen en mis pechos
y me sacuden toda.
¡Oh Zeus, qué profundo es el mar,
y mis cabellos desceñidos
me pesan cual si fueran piedras!
¡Brisas, volad! ¡Oh Kimothoe, Glauca,
sostened mi torso!
Yo no soñe brotar
así, de un aliento subyugada
en los brazos del sol.

Angelós Sikelianós

Versión de Jaime García Terrés

Haiku

Sopla la nevisca
atravesando el fondo
de la tristeza

Naito Jôsô

Versión de Vicente Haya

Himnos a la noche

HIMNOS A LA NOCHE
HYMNEN AN DIE NACHT

FRAGMENTOS

1

¿Qué ser vivo, dotado de sentidos, no ama por encima de todas las maravillas del espacio circundante, a la luz jubilosa – con sus colores, sus rayos y sus ondas, dulce omnipresencia al despuntar el alba? Como alma íntima y vital la respira el mundo gigantesco de los astros que flotan, en incesante danza, por su fluido azul – la respira la piedra, centelleante y en eterno reposo, la respira la planta, meditativa, que sorbe la savia de la tierra, y el salvaje animal, ardiente y multiforme – pero antes que todos ellos, la respira el egregio extranjero, de ojos pensativos y labios suavemente cerrados y llenos de sonidos. Como un rey de la naturaleza terrestre, la luz convoca todas las fuerzas a cambios innúmeros, crea y destruye infinitas ataduras, envuelve a todos los seres de la tierra en su aureola celestial – con su sola presencia revela el esplendor de los reinos de este mundo.

Dejándola atrás me dirijo hacia la sagrada, inefable y misteriosa noche. Lejos yace el mundo – sumido en honda cripta – desierto y solitario es el lugar. Una profunda melancolía vibra por las cuerdas del pecho. Quiero descender en gotas de rocío y mezclarme con la ceniza. –Lejanías del recuerdo, deseos de juventud, sueños de la infancia, breves alegrías y vanas esperanzas de una larga vida acuden cubiertas de grises ropajes, como niebla del ocaso a la puesta del sol. En otros espacios ha levantado la luz sus alegres tiendas. ¿No regresará al lado de sus hijos que esperan su retorno con la fe de la inocencia?

¿Qué es lo que de forma repentina surge del fondo del corazón y sorbe el aire suave de la melancolía? ¿Te complaces también en nosotros, noche oscura? ¿Qué es lo que ocultas bajo tu manto, que con fuerza invisible me penetra el alma? Un preciado bálsamo destila de tu mano, como si fuera un atado de amapolas. Tú haces que se levanten las pesadas alas del desánimo. Una oscura e inefable emoción nos invade – alegre y asustado, veo ante mí un rostro grave, un rostro que dulce y reverente se inclina hacia mí, y entre la interminable maraña de sus rizos, aparece la amorosa juventud de la madre. ¡Qué pobre y pueril aparece ahora la luz! – ¡Qué alegre y bendita la despedida del día! Sólo porque la noche aleja de tí a tus servidores, sembraste en las inmensidades del espacio las esferas luminosas que pregonan tu omnipotencia – tu retorno – mientras dure tu alejamiento. Más celestiales que aquellas brillantes estrellas nos parecen los ojos infinitos que la noche abrió en nosotros. Más lejos ven ellos que los pálidos ojos de aquellas incontables legiones – sin necesitar la luz, sus ojos atraviesan la profundidad del alma enamorada – llenando de indecible deleite un espacio más alto. Gloria a la reina del mundo, la gran mensajera de universos sagrados, la protectora del amor dichoso – ella te envía hasta mí – mi tierna amada – adorado sol de la noche – ahora permanezco despierto – porque soy tuyo y soy mío a la vez – tú me has anunciado que la noche es vida: tú me has hecho hombre – mi cuerpo se consume en ardor espiritual, y convertido en aire, que a ti me una y que íntimamente me disuelva, y eterna será nuestra noche de bodas.

3

Antaño, cuando derramaba amargas lágrimas, cuando disuelta en dolor mi esperanza se desvanecía, estando en la estéril colina que en estrecho y oscuro lugar albergaba la imagen de mi vida – solo, como jamás estuvo nunca un solitario, hostigado vivía por un miedo indecible – sin apenas fuerzas, sólo un reflejo de la miseria. – Cuando buscaba auxilio a mi alrededor – avanzar no podía, retroceder tampoco – y un anhelo infinito me aferraba a la vida fugaz, apagada – entonces, desde la distancia azul – desde la altura de mi antigua dicha descendió un estertor de desfallecimiento – y de repente se rompió el vínculo del nacimiento – las ataduras de la luz. Se desvaneció la gloria terrenal y con ella mi tristeza – la melancolía se fundió en un mundo insondable y nuevo – y tú, entusiasmo de la noche, sueño del cielo, viniste sobre mí – el entorno se fue levantando lentamente; sobre el paisaje, suspendido flotaba mi espíritu, libre, vuelto a nacer. La colina se convirtió en una nube de polvo – a través de la nube vi los rasgos transfigurados de la amada. En sus ojos descansaba la eternidad – cogí sus manos, y las lágrimas se convirtieron en vínculo centelleante, inquebrantable. Pasaron milenios huyendo hacia la lejanía, como tempestades. Abrazado a su cuello lloré lágrimas extasiadas por la nueva vida. – Fue el primero, el único sueño – y desde entonces sólo vivo una fe eterna e inalterable en el cielo de la noche y en su luz, la amada.

Novalis

Versión de Rodolfo Häsler

24 de agosto de 2006

Mis lectores

MIS LECTORES

Un viejo vagabundo en Addis-Abeba
Que ha conquistado muchas tribus,
Me envió con un lancero negro
Un mensaje hecho con mis propios versos.
Un teniente veterano en mil batallas
Cierta vez en el mar del sur,
Bajo el fuego de baterías enemigas,
Me leyó toda la noche mis versos.
Un hombre que entre el gentío
Disparó al enviado del zar,
Se acercó a darme la mano,
Agradecido por mis versos.

Mis lectores son fuertes, perversos y alegres,
Asesinos de hombres y elefantes,
Pueden morir de sed en el desierto,
O congelarse al borde del eterno hielo;
Son leales a nuestro planeta
También alegre, fuerte y perverso,
Y llevan mis libros en sus bolsas de viaje,
Los leen en los palmares
O los olvidan en los barcos que naufragan.

No los ofendo con mi neurastenia,
Ni los vejo con mi ardor espiritual,
No los canso con insinuaciones serias
Cuyo fondo no vale la pena.
Pero cuando alrededor silban las balas,
Cuando las olas rompen la borda,
Les enseño con mis versos a no temer,
A no temer y hacer lo que corresponda.
Y cuando una mujer de rostro hermoso,
Sintiéndose la más bella del mundo,
Les dice que ya no los ama,
Yo les enseño entonces a sonreír,
A marcharse para no regresar jamás.
Y cuando les llegue su última hora,
Una bruma roja y exacta cubrirá sus miradas.
Entonces les enseñaré a recordar
La vida cruel y bondadosa,
La tierra ajena y natal
Y les mostraré cómo comparecer ante Dios
Con palabras sencillas y sabias
Y a esperar de él, tranquilamente, su juicio.

Nikolái Gumiliov

Versión de Jorge Bustamante García

Haiku

¡Ay, el aire yerto,
campana en el frío,
ojos en la escarcha!

Juan Ramón Jiménez

De Cintio Vitier

TRABAJO

Esto hicieron otros
mejores que tú
durante siglos.
De ellos dependía
tu sensación de libertad
tu camisa limpia
y el ocio de tus lecturas y escrituras.
De ellos depende
todo
lo que te parecía natural
como ir al cine
o estar triste, levemente.
Lo natural, sin embargo, es el fango,
el sudor, el excremento.
A partir de ahí, comienza
la epopeya, que no es sólo
un asunto de héroes deslumbrantes,
sino también
de oscuros héroes, suelo de tus pisadas,
página donde se escriben las palabras.
Deja las palabras, prueba
un poco
lo que ellos hicieron, hacen,
seguirán haciendo
para que seas:
ellos,
los sumidos en la necesidad
y la gravitación,
los molidos por los soles implacables
para que tu pan siempre esté fresco,
los atados
al poste férreo de la monotonía
para que puedas barajar todos los temas,
los mutilados
por un mecánico gesto infinitamente repetido
para que puedas hacer
lo que te plazca con tu alma y con tu cuerpo.
Redúcete como ellos.
Paladea el horno,
come fatiga.
Entra un poco, siquiera sea clandestinamente,
en el terrible reino de los sustentadores
de la vida.

UN EXTRAÑO HONOR

El árbol sabe, con sus raíces y sus ramas,
todo aquello que puede ser un árbol:
¿o acaso también falta
a su mitad visible otro esplendor
que es lo que está sufriendo y anhelando?
No lo sabemos. Pero él
no necesita conocerse. Basta
que su misterio sea, sin palabras
que vayan a decirle lo que es, lo que no es.
El árbol, majestuoso como un árbol,
lleno de identidad hasta las puntas,
puede medirse cara a cara con el ángel.

Y nosotros ¿con quién nos mediremos,
quién ha de compartir nuestra congoja?
Ved ese rostro, escrutad esa mirada
donde lo que brilla es un vacío,
repasad como en sueños
esas líneas dolorosas en torno de los labios,
ese surco que ha de ahondarse en la mejilla,
la desolada playa de la frente,
la nariz como un túmulo funesto. ¡Qué devastado reino,
qué fiero y melancólico despojo, humeando todavía!
Sólo otro rostro podría comprenderlo.
Así nos miramos cara a cara, el alma desollada,
con el secreto júbilo insondable que nos funda,
que está hecho de vergüenza
y de un extraño honor.

Cintio Vitier

23 de agosto de 2006

Memorables

MEMORABLES
MÉMORABLES

Acuérdate de tu padre y de tu madre, y de la primera mentira cuyo olor indiscreto aún repta en tu memoria.

Acuérdate del primer insulto a aquellos que te hicieron: la semilla de la soberbia sembrada estaba, la rotura brillaba rompiendo la noche una.

Acuérdate de las noches de terror en las que la idea de la nada te arañaba el vientre y volvía a roerte, como un buitre, una y otra vez; y acuérdate de las mañanas soleadas en tu pieza.

Acuérdate de la noche de la liberación en que, al caer como un velo tu cuerpo desnudo, respiraste un momento el aire incorruptible; y acuérdate de los animales pegajosos que volvieron a apoderarse de ti.

Acuérdate de las magias, de los venenos y de los sueños tenaces; -querías ver, para ver cerrabas los dos ojos, sin saber cómo abrir el otro.

Acuérdate de tus cómplices y de vuestros engaños, y de ese gran deseo de salir de la jaula.

Acuérdate del día en que rompiste la tela y en el que, vivo, fuiste hecho prisionero, detenido allí mismo en medio del estrépito de los estrépitos de las ruedas de ruedas girando sin girar, tú en el interior, siempre atrapado por el mismo momento inmóvil, repetido, repetido, y el tiempo daba solamente una vuelta, todo giraba en tres sentidos innombrables, el tiempo sobre sí mismo se cerraba; y los ojos de carne veían sólo un sueño, sólo existía un devorador silencio, las palabras eran como cueros secos, y el ruido, el sí, el ruido, el no, el aullido visible y negro de la máquina te negaba -y el grito silencioso "existo" que oyen los huesos, que hace morir la piedra, del que cree morir lo que nunca ha existido, -y a cada instante volvías a nacer sólo para ser negado por el gran círculo sin límites, por entero puro, por entero centro, puro salvo tú.

Y acuérdate de los días que siguieron, cuando caminabas como un cadáver embrujado, con la certeza de ser comido por lo infinito, de ser anulado por el único existente Absurdo.

Y sobre todo acuérdate del día en que quisiste tirarlo todo, sin importar el cómo, -pero un guardián velaba en la noche, velaba mientras soñabas, él hizo que tocaras tu carne, hizo que recordaras a los tuyos, hizo que recogieras tus harapos, -acuérdate de tu guardián.

Acuérdate del hermoso espejismo de los conceptos y de las palabras emocionantes, palacio de espejos edificado en un sótano; y acuérdate del hombre que vino, rompió todo, te tomó con su áspera mano, te arrancó de tus sueños y hizo que te sentaras en las espinas del pleno día; y acuérdate que tú no sabes acordarte.

Acuérdate que todo se paga, acuérdate de tu felicidad, pero cuando fue aplastado tu corazón era ya demasiado tarde para pagar por anticipado.

Acuérdate del amigo que tendía su razón a fin de recoger tus lágrimas brotadas de la fuente helada a la que violaba el sol primaveral.

Acuérdate de que el amor triunfó cuando ambos supisteis someteros a su fuego celoso, rogando morir en la misma llama.

Pero acuérdate de que el amor no es de nadie, que en tu corazón de carne no es nadie, que el sol no es de nadie, enrojece al contemplar el lodo de tu corazón.

Acuérdate de las mañanas en las que la gracia era como un bastón que alguien empuña, que te llevaba, sumiso, a través de tus jornadas, -¡feliz el ganado bajo el yugo!

Y acuérdate de que tu pobre memoria entre sus dedos torpes dejó que el pez de oro se perdiese.

Acuérdate de quienes te dicen: acuérdate, acuérdate de la voz que te decía: no caigas, -y acuérdate del placer dudoso de la caída.

Acuérdate, pobre memoria mía, de las dos caras de la medalla, -y de su metal único.

René Daumal

Versión de Miguel Frontán

Haiku

vendí mi campo
y no puedo dormir:
croar de ranas

Tachibana Hokushi

Versión de José María Bermejo

De Alí Chumacero

POEMA DE AMOROSA RAÍZ

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.

Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.

Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuándo el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.

Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.

Alí Chumacero


EL SUEÑO DE ADÁN

Ligera fue tu voz, mas tu palabra dura
con vuelo de paloma sin más peso
que su inmóvil cruzar el mar del viento;
y persistes como un sonido bajo el agua,
desde mi piel al aire levantada,
ligera como fuiste, como esa ala
que olvidada del mundo se recrea,
convertida en ausencia y en olvido.

Vivo de oírme el cuerpo y de entregarme al tiempo
como a un rumbo sin luz la adormecida rosa,
como asoma en el sueño y luego muere
el cielo que una tarde contemplamos,
y oigo la vida en mí, su aliento te recuerda
ingrávida, en latidos desprendida,
con un temblor de silenciosas aguas
de su propia amargura renaciendo.

Sufres conmigo cuando sólo miro
que el amor es un cuerpo de imágenes poblado,
y caricia se llama a tocar el recuerdo,
a sentir las tinieblas en las manos
y en un esfuerzo inútil oponerse
a ese tiempo que arrastra nuestro duelo
hasta inclinar los labios a la nieve
y tender en ceniza nuestros cuerpos.
Te siente el corazón como un aroma
que en un eco perdiera sus imágenes,
y me palpo la piel tocando en ella
la tersura del agua donde yaces,
y después quedo solo, enamorado
de esta voz que del cuerpo se desprende
tomada en pensamiento, y en palabras te crea,
nacida nuevamente de mi sueño.

Alí Chumacero

22 de agosto de 2006

¡Escuchad!

¡ESCUCHAD!
ПОСЛУШАЙТЕ!

¡Escuchad!
Acaso, si las estrellas brillan,
¿es qué hay a quién le haga falta?
¿Es qué alguien quiere que estén?
¿Es qué alguien toma estas escupitinas por perlas?
Y a gritos,
entre polvaredas de mediodía,
se abre paso hacia dios,
teme que nadie le espere,
llora,
besa su mano nervuda,
ruega,
¡habrá por fuerza una estrella!
Clama,
¡no aguantará este calvario a oscuras!
Y después
anda inquieto,
con expresión de calma.
Le dice a alguien:
«¿Acaso ya no tienes nada?
¿No da miedo?
¡¿Sí?!»
¡Escuchad!
Acaso, si las estrellas
brillan,
¿es qué hay a quien le haga falta?
¡¿Es qué es preciso
que cada vez que anochece
sobre los tejados
se encienda siquiera una estrella?!

Vladimir Maiakovski

Versión de Gabriel Dols

Haiku

Me llamarán por el nombre
de caminante.
Tempranas lluvias de invierno.

Matsuo Bashô

Versión de Fernando Rodríguez Izquierdo

Generación del 27: Jorge Guillén

LAS DOCE EN EL RELOJ

Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
Sonaron con amor.
Los verdes eran grises,
El amor era sol.
Entonces, mediodía,
Un pájaro sumió
Su cantar en el viento
Con tal adoración
Que se sintió cantada
Bajo el viento la flor
Crecida entre las mieses,
Más altas. Era yo,
Centro en aquel instante
De tanto alrededor,
Quien lo veía todo
Completo para un dios.
Dije: Todo, completo.
¡Las doce en el reloj!

Jorge Guillén


CIMA DE LA DELICIA

¡Cima de la delicia!
Todo en el aire es pájaro.
Se cierne lo inmediato
Resuelto en lejanía.

¡Hueste de esbeltas fuerzas!
¡Qué alacridad de mozo
En el espacio airoso,
Henchido de presencia!

El mundo tiene cándida
Profundidad de espejo.
Las más claras distancias
Sueñan lo verdadero.

¡Dulzura de los años
Irreparables! ¡Bodas
Tardías con la historia
Que desamé a diario!

Más, todavía más.
Hacia el sol, en volandas
La plenitud se escapa.
¡Ya sólo sé cantar!

Jorge Guillén


PERFECCIÓN

Queda curvo el firmamento,
compacto azul, sobre el día.
Es el redondamiento
del esplendor: mediodía.
Todo es cúpula. Reposa,
central sin querer, la rosa,
a un sol en cenit sujeta.
Y tanto se da el presente
que el pie caminante siente
la integridad del planeta.

Jorge Guillén


HACIA EL FINAL

Llegamos al final,
A la etapa final de una existencia.

¿Habrá un fin a mi amor, a mis afectos?
Sólo concluirán
Bajo el tajante golpe decisivo.

¿Habrá un fin al saber?
Nunca, nunca. Se está siempre al principio
De una curiosidad inextinguible
Frente a infinita vida.

¿Habrá un fin a la obra?
Por supuesto.
Y si aspira a unidad,
Por la propia exigencia del conjunto.
¿Destino?
No, mejor: la vocación
Más íntima.

Jorge Guillén

21 de agosto de 2006

Canción para adormecer a Mitzoura

CANCIÓN PARA ADORMECER A MITZOURA

Hazle, Dios mío, una cabaña al sol,
en un rincón de vieja campiña,
no debe ser más alta que una flor
que sea del tamaño de una oreja.

Hazle una charca de agua bajo el sol,
y de un palo de fósforo una nave
para que en su azufrada cabecita
ella pueda tocar el infinito.

Dále una mariposa delicada
y una rana tallada en esmeralda
y, Dios mío, promete a su cabaña
algún calor en el bosque de absintio.

Dále también, Dios mío, los colores
y el papel de la China necesario
para que borroneando en él, Mitzoura,
diseñe los perfiles de tu gloria.

Porque, por fin, cuando todo esté listo,
Dios mío, el padre vivirá en su casa.

Tudor Arghezi

Versión de Pablo Neruda

Haiku

Sobre la arena
escritura de pájaros:
memorias del viento.

Octavio Paz

Sobre Helena...

HELENA
ELÉNI

Teucro: ...a la marina Chipre, donde el oráculo de Apolo mi residencia
decretó, mandando que impusiera a la ciudad el nombre
de la isla de Salamina, tierra en que nací.

Helena: Jamás estuve en Troya, sólo un Fantasma estuvo.
Mensajero: ¿Qué dices? ¿Batallamos allí por una simple nube?
Eurípides, Helena

“Los ruiseñores no te dejarán dormir en Platres”.

Tímido ruiseñor, en el aliento de las hojas,
tú que regalas música bañada por el rocío de los bosques
a cuerpos desunidos y a las almas
de quienes saben imposible su regreso.
Ciega voz, que palpas en la nocturna memoria
pisadas y ademanes –no me atrevería a decir besos–
y el amargo jadeo de alguna bárbara esclava.

“Los ruiseñores no te dejarán dormir en Platres”.

¿Qué son las Platres,? ¿Quién conoce esta isla?
He vivido mi vida oyendo nombres nunca oídos antes:
nuevos lugares y locuras nuevas de los hombres
o de los dioses;
Mi destino oscilante
entre la última estocada de un Áyax
y el hallazgo de alguna otra Salamina
me trajo aquí, a esta playa.
La luna
se levanta del mar como Afrodita;
abriga los astros del arquero, ahora asciende
al corazón de Scorpio, y todo así transforma.
¿Dónde está la verdad?
Arquero fui también en la guerra,
mi suerte es la de un hombre que erró el blanco.

Ruiseñor melodioso,
en una noche como ésta, sobre las playas de Proteo,
te escuchaban las esclavas espartanas
y alzaron su lamento,
y entre ellas estaba –¡Quién lo pensara!–
Helena.
Ella, a quien buscamos tantos años en aquel Escamandro.
Estaba ahí, en las orillas del desierto; yo la toqué, me habló:
“No es verdad, no es verdad” – dijo gritando.
“Yo no abordé jamás el barco azul.
Nunca pisé la varonil Troya”.

Ceñido el pecho, el sol en sus cabellos, erguida la figura,
sombras y sonrisas donde quiera
en sus hombros y muslos y rodillas;
Viva la piel, y con aquellos ojos de pestañas enormes,
estaba allí, sobre los bancos de un Delta.
¿Mas en Troya?
En Troya, nada – un fantasma.
Así lo dispusieron las deidades.
Y Páris, con una sombra yace, cual si fuera sólida;
Y nosotros matámonos los unos a los otros por Helena
durante diez inmensos años.
Grave dolor había llovido sobre la Hélade.
Tantos cuerpos arrojados a las fauces del mar,
a las fauces de la tierra.
Tantas almas trilladas como espigas en piedras de molino.
Y los ríos expiran entre el lodo la sangre
por una ondulación de lino, por una nubecilla,
un aletear de mariposa, por la pluma de un cisne,
por una prenda vacía, por una Helena.
¿Y mi hermano?
Ruiseñor, ruiseñor, ruiseñor,
¿Qué cosa es dios? ¿Qué cosa no lo es? ¿Y en medio de ambas cosas?

“Los ruiseñores no te dejarán dormir en Platres”.

Medroso pájaro,
En Chipre, besada por el mar,
donde hube de acordarme de la patria,
yo, solo, anclé con esta fábula,
si fábula es la mía,
si en verdad los hombres ya no acogerán más
el viejo engaño de los dioses.
Si en verdad
algún otro Teucro, al correr de los años,
o algún Áyax u otro Príamo, alguna Hécuba
o alguien desconocido, anónimo,
pero que hubiese visto un Escamandro
con aquellos aluviones de cadáveres,
no estuviera fatalmente destinado
a oír al emisario que descubre
cómo tanto dolor y tanta vida
se despeñaron al abismo
Por una prenda vana, por alguna Helena.

Giórgos Seféris

Versión de Paola B. Khanno

VARIACIONES SOBRE LA HELENA DE SEFÉRIS

No te dejan en Platres
dormir los ruiseñores.

Yorgos Seferis


No sé cómo puedes soportar tanta belleza.
No sé cómo, en la noche de tu alcoba,
puedes asumir esos ojos ardientes,
esa boca delineada por los delirios,
los huesos firmes de tu rostro,
la columna dórica del cuello,
los hombros en que se encaja
con equilibrio perfecto,
y esa ondulante catarata
de tu cuerpo
en el que cada curva
tiene su exacta dimensión
y todas se juntan
para crear
una armonía inusitada,
un canto a la carne
y al perfume que concentra
la belleza del mundo.
Intento describir
esa geografía alucinante
y no encuentro las palabras exactas.
No quisiera divagar, pues tal perfección
no soporta los excesivos lujos de la metáfora.
Exige lo literal,
un minucioso recuento
hecho con escuetos sustantivos
y cada sustantivo
como una línea
de dibujo japonés:
precisa en su trazo
y suavemente difuminada
para crear
la atmósfera de los sueños.
Supongo que a veces
te duele esta belleza
y lloras ante el espejo fascinado.
Ten compasión de ti misma
y de todos los heridos por tu vista.
Agradece al cielo esta belleza
y entrégala a los ojos del mundo
con la terrible sencillez
de las orquídeas que se abren
en la noche de la selva,
rodeadas de serpientes.

Hugo Gutiérrez Vega


HELENA
ELÉNI

Con la primera gota de la lluvia fue muerto el verano
Se empaparon las palabras que habían dado luz a claridades de
estrellas
Todas las palabras que te tenían a Ti como su único destino.
Hacia dónde tenderemos nuestras manos ahora que el tiempo ya no
nos considera
Hacia dónde dejaremos nuestros ojos ahora que las líneas lejanas
naufragaron en las nubes
Ahora que tus párpados cerránronse sobre nuestros paisajes
Y estamos -cual si la bruma nos hubiera atravesado-
Solos completamente solos rodeados por tus imágenes muertas

Con la frente en el vidrio velamos el nuevo dolor
No es la muerte la que nos derribará puesto que Tú existes
Puesto que en otro lugar existe una brisa para revivirte entera
Para vestirte de cerca como te viste de lejos nuestra esperanza
Puesto que en otro lugar existe
Un valle muy verde más allá de tu risa hasta el sol
Diciéndole confidencialmente que de nuevo nos reencontraremos
No, no es la muerte a la que hemos de enfrentar
Sino una sola gota de lluvia otoñal
Una borrosa sensación
La Fragancia de la tierra humedecida en nuestras almas cuanto más
se alejan

Y si no está tu mano en nuestra mano
Y si no está nuestra sangre en las venas de tus sueños
La luz en el cielo inmaculado
Y la música invisible dentro de nosotros oh! Melancólica
Pasajera de cuantas cosas nos retienen en el mundo todavía
Es el aire húmedo la estación del otoño la separación
El amargo apoyarse del codo en el recuerdo
Que brota cuando la noche va a separarnos de la luz

Tras la ventana cuadrada que mira hacia la tristeza
Que no ve nada
Porque devino ya una música invisible en el brasero una campanada
del gran reloj en la pared
Porque devino ya
Poema verso con otro verso un son paralelo a la lluvia lágrimas y
palabras palabras palabras
Palabras no como las otras sino que también ellas con un único
destino: Tú

Antes de mis ojos eras Luz
Antes del Amor amor
Y cuando te raptó el beso
Mujer.

Odysseas Elytis

Versión de Paola B. Khanno

25 de noviembre de 2005

De Juan Gelman

ESTOY SENTADO COMO UN INVÁLIDO EN EL DESIERTO DE MI DESEO DE TI

Me he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños.

El viento de la noche abate estrellas temblorosas en mis manos, que aún no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo.

En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste y a veces les daría la libertad que exigen para volver a tí, con el helado filo del cuchillo.

Pero no puede ser. Porque estás tan en mí, tan viva en mí, que si me muero a tí te moriría.

Juan Gelman


FÁBRICAS DEL AMOR

FRAGMENTO

I

Y construí tu rostro.
Con adivinaciones del amor, construía tu rostro
en los lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté del mundo para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner dulzura en tu saliva.
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto por la luz del verano
mientras te describía por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de cuántas estaciones
y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos.
Qué infinito de besos contra la soledad
hunde tus pasos en el polvo.
Yo te oficié, te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela invisible, noche a noche.
Así fue que cantaron los silencios.
Años y años trabajé para hacerte
antes de oír un solo sonido de tu alma.

Juan Gelman


DIOS

Gastado, errante, sortea
fracasos como charcos
hoy que llueve. No quiere
leer lo que escribió. Le dieron
un papel que nadie
puede interpretar.
Sólo un loco.
Mira la tarde que se extingue
y espera sin esperanzas
que la noche sea eterna.

Juan Gelman

Los árboles

LOS ÁRBOLES
THE TREES

Los árboles se están cubriendo de hojas
como si algo estuviera por decirse.
Recientes brotes se distienden y abren;
una especie de pena es su verdor.

¿Acaso ellos renacen y nosotros
envejecemos? No, también se mueren.
El acto anual de su renovación
está escrito en anillos de madera.

Sin embargo, castillos incansables,
se trillan cada pleno y denso mayo.
Murió el año, parecen ya decir;
comienza nuevamente, nuevamente.

Philip Larkin

Versión de Hernán Bravo Varela

Presencia

PRESENCIA

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido
Mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.

Esto que uní alrededor de un ansia,
De un dolor, de un recuerdo,
Desertará buscando el agua, la hoja,
La espora original y aun lo inerte y la piedra.

Este nudo que fui (inextricable
De cóleras, traiciones, esperanzas,
Vislumbres repentinos, abandonos,
Hambres, gritos de miedo y desamparo
Y alegría fulgiendo en las tinieblas
Y palabras y amor y amor y amores)
Lo cortarán los años.

Nadie verá la destrucción. Ninguno
Recogerá la página inconclusa.
Entre el puñado de actos
Dispersos, aventados al azar, no habrá uno
Al que pongan aparte como a perla preciosa.
Y sin embargo, hermano, amante, hijo,
Amigo, antepasado,
No hay soledad, no hay muerte
Aunque yo olvide y aunque yo me acabe.

Hombre, donde tú estás, donde tú vives
Permaneceremos todos.

Rosario Castellanos


PRESENCIA

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

José Emilio Pacheco

24 de noviembre de 2005

Despedida

DESPEDIDA

Desmonto. Mientras bebemos vino:
¿Adónde irás? El mundo me ha engañado:
A mi colina del mediodía me vuelvo.
Ve, vete. No pregunto más:
Nubes blancas sin fin, nubes.

Wang Wei

Versión de Octavio Paz

Haiku

El año fenece;
nadie me da nada
este atardecer.

Yamazaki Sôkan

Versión de Samuel Wolpin

Familia de poetas: los Panero

HIJO MÍO

Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,

me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.

Leopoldo Panero


AUTOBIOGRAFÍA

Una casa vacía, otra derrumbada,
un niño muerto al que le cuentan cuentos,
despedidos fantasmas que se desvanecen,
ceniza y hueso, piedras derrotadas.
Cuartos alquilados, repetidos espacios fugaces,
las huellas de los cuerpos en las sábanas,
una pesada resaca sin destino,
voces que nadie escucha, imágenes de sueños.
Innecesarias páginas, gaviotas en la ventana,
mar o desierto, blancos despojos,
signos y rostros en la pared de la memoria.
Sucias pupilas de sol en México, tercos
los ojos redondos de la calavera
contemplan pasado, presente, futuro,
sombras tenaces, metáforas gastadas.
Miro sin ver lo que ya he visto,
humo disforme que se esfuma,
invisible mortaja bajo nubes fugaces.
Humo en la noche y la nada instantánea.

Juan Luis Panero


BLANCANIEVES SE DESPIDE DE LOS SIETE ENANOS

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

Leopoldo María Panero


UN LOCO TOCADO DE LA MALDICIÓN DEL CIELO

Un loco tocado de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina
sus canciones hablan de ángeles y cosas
que cuestan la vida al ojo humano
la vida se pudre a sus pies como una rosa
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una princesa.

Leopoldo María Panero


MUTIS

Era más romántico quizá cuando
arañaba la piedra
y decía por ejemplo, cantando
desde la sombra a las sombras,
asombrado de mi propio silencio,
por ejemplo: "hay
que arar el invierno
y hay surcos, y hombres en la nieve"
Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
y empiezo a dudar que sea cierta
la inmensa tragedia
de la literatura.

Leopoldo María Panero

23 de noviembre de 2005

De Piedad Bonnett Vélez

CANCIONES DE AUSENCIA

Aquí dijiste:
"Son hermosos
los ojos húmedos de los caballos".
Aquí: "Me encanta el viento".
Desando yo tus pasos, revivo las palabras.
Y te amo en la baldosa que pisaste,
en la mesa de pino
que aún guarda la caricia de tu mano,
en el estropeado cigarrillo
olvidado en el fondo de mi bolso.
Recorro cada calle que anduviste
y sé
que amaste este abedul y esta ventana.
Aquí dijiste:
"Así soy yo,
como esa música
triste y alegre a un mismo tiempo".
Y te amo
en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo,
en la feliz canción
que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza.
En el día aterido
que tú estás respirando no sé donde.
En el polvo, en el aire,
en esa nube
que tú no mirarás,
en mi mirada
que te calcó y fijó en mi más triste fondo,
en tus besos sellados en mis labios,
y en mis manos vacías,
pues eres hoy vacío
y en el vacío te amo.

Piedad Bonnett Vélez

Vida en el sueño

VIDA EN EL SUEÑO

Una vela apenas derretida,
todavía arde
sin llama
un momento más...
Y, por primera vez,
descubre
que el Tiempo
mide las vidas
en el Sueño.

Elena Liliana Popescu

Versión de Joaquín Garrigós

Irlanda al mundo: Yeats

CUANDO ESTÉS VIEJA
WHEN YOU ARE OLD

Cuando estés vieja y gris y soñolienta
y cabeceando ante la chimenea, toma este libro,
léelo lentamente y sueña con la suave mirada
y las sombras profundas que antes tenían tus ojos.

Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia
y con falso amor o de verdad amaron tu belleza,
pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina
y amó los sufrimientos de tu cambiante cara.

E inclinada ante las relumbrantes brasas
murmulla, un poco triste, cómo escapó el amor
y anduvo en las cimas de las altas montañas
y entre un montón de estrellas ocultó su rostro.

W. B. Yeats

Versión de Nicolás Suescún

SU VISIÓN EN EL BOSQUE
HER VISION IN THE WOOD

Tronco seco entre viva fronda, en la medianoche
de negro vino, yo, por el bosque sagrado,
vieja para el amor de un hombre, en mi furor
hombres imaginaba. Y acaso imaginando
que un más leve dolor al punzante ahogaría,
o por ver si corría sangre por las ajadas
venas, mi cuerpo herí: que cubriera su vino
todo lo que recuerda a unos labios de amante.

Y luego, como alzara mis dedos, la mirada
fija en el negro vino de las uñas, o el negro
que escurría a lo largo de mis dedos ajados,
el negro se hizo rojo, y brillaron antorchas,
y violenta una música estremeció a los árboles:
una tropa que en andas llevaba a un hombre herido,
hondas cuerdas tañendo, a su compás cantaba
e increpaba a la bestia que esa llaga infligiera.

Eran bellas mujeres las que movía el canto:
desatado el cabello, la frente atormentada
-tropel de algún pintor del Quattrocento, imagen
impensante de algún pensativo Mantegna...
¿y por qué pensarían las para siempre jóvenes?-.
Pero ya contagiada por tanta pesadumbre
y mirando sus pechos salpicados de sangre,
mi maldición lancé de pronto con el coro.

Y aquello, sangre, escoria, despojo de la bestia,
clavó en mí la mirada vidriosa. Amargo y dulce,
el amor me llenó la boca. Mas no vieron
los cuerpos de medalla o fresco desplomarse
mi cuerpo; mi alarido no oyeron: se ignoraban,
ebrios de su cantado vino, los portadores
-no de símbolo o fabula- de aquel en quien se aunaba
para mi corazón la víctima al verdugo.

W. B. Yeats

Versión de Ulalume González de León

EFÍMERA
EPHEMERA

«Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina».

Y responde ella:
«Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!».

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
«La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones».

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.

«No te lamentes», dijo él,
«que estamos cansados porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
nuestras almas son amor y un continuo adiós».

W. B. Yeats

Versión de Luis Zalamea