26 de agosto de 2006

En celebración

EN CELEBRACIÓN
IN CELEBRATION

Estás sentado en una silla, nada te toca, sientes
cómo se vuelve el viejo ser un ser más viejo, imaginas
sólo la paciencia del agua, el fastidio de la piedra.
Piensas que el silencio es la página de más,
piensas que nada es bueno, ni malo, ni siquiera
la sombra que invade la casa mientras tú miras, sentado,
cómo la invade. Otras veces la has visto. Tus amigos
pasan tras la ventana, en sus rostros la marca de la pena.
Quisieras saludarlos pero no puedes ni alzar la mano.
Estás sentado en una silla. Te vuelves hacia la yerbamora
que extiende sobre la casa su red ponzoñosa.
Pruebas la miel de la ausencia. Es lo mismo.
Dondequiera que estés, es lo mismo que se pudra
la voz antes que el cuerpo o que se pudra el cuerpo
antes que la voz. Sabes que el deseo lleva a la pena,
la pena a la consumación, la consumación
al vacío. Sabes que esto es diferente, esto
es la celebración, la única celebración,
sabes que si te das entero a la nada
habrás sanado. Sabes que hay alegría en sentir
cómo tus pulmones preparan su futuro de ceniza,
y así esperas, miras y esperas: el polvo se establece.
Rondan la sombra las horas milagrosas de la infancia.

Mark Strand

Versión de Octavio Paz

25 de agosto de 2006

Anadiómene

ANADIÓMENE

Heme aquí.
Amanece una rosa de bienaventurada luz,
y en ella voy surgiendo con las manos tendidas;
al azul de los cielos me invita la bonanza.
Súbitamente
los terrenales vientos irrumpen en mis pechos
y me sacuden toda.
¡Oh Zeus, qué profundo es el mar,
y mis cabellos desceñidos
me pesan cual si fueran piedras!
¡Brisas, volad! ¡Oh Kimothoe, Glauca,
sostened mi torso!
Yo no soñe brotar
así, de un aliento subyugada
en los brazos del sol.

Angelós Sikelianós

Versión de Jaime García Terrés

Haiku

Sopla la nevisca
atravesando el fondo
de la tristeza

Naito Jôsô

Versión de Vicente Haya

Himnos a la noche

HIMNOS A LA NOCHE
HYMNEN AN DIE NACHT

FRAGMENTOS

1

¿Qué ser vivo, dotado de sentidos, no ama por encima de todas las maravillas del espacio circundante, a la luz jubilosa – con sus colores, sus rayos y sus ondas, dulce omnipresencia al despuntar el alba? Como alma íntima y vital la respira el mundo gigantesco de los astros que flotan, en incesante danza, por su fluido azul – la respira la piedra, centelleante y en eterno reposo, la respira la planta, meditativa, que sorbe la savia de la tierra, y el salvaje animal, ardiente y multiforme – pero antes que todos ellos, la respira el egregio extranjero, de ojos pensativos y labios suavemente cerrados y llenos de sonidos. Como un rey de la naturaleza terrestre, la luz convoca todas las fuerzas a cambios innúmeros, crea y destruye infinitas ataduras, envuelve a todos los seres de la tierra en su aureola celestial – con su sola presencia revela el esplendor de los reinos de este mundo.

Dejándola atrás me dirijo hacia la sagrada, inefable y misteriosa noche. Lejos yace el mundo – sumido en honda cripta – desierto y solitario es el lugar. Una profunda melancolía vibra por las cuerdas del pecho. Quiero descender en gotas de rocío y mezclarme con la ceniza. –Lejanías del recuerdo, deseos de juventud, sueños de la infancia, breves alegrías y vanas esperanzas de una larga vida acuden cubiertas de grises ropajes, como niebla del ocaso a la puesta del sol. En otros espacios ha levantado la luz sus alegres tiendas. ¿No regresará al lado de sus hijos que esperan su retorno con la fe de la inocencia?

¿Qué es lo que de forma repentina surge del fondo del corazón y sorbe el aire suave de la melancolía? ¿Te complaces también en nosotros, noche oscura? ¿Qué es lo que ocultas bajo tu manto, que con fuerza invisible me penetra el alma? Un preciado bálsamo destila de tu mano, como si fuera un atado de amapolas. Tú haces que se levanten las pesadas alas del desánimo. Una oscura e inefable emoción nos invade – alegre y asustado, veo ante mí un rostro grave, un rostro que dulce y reverente se inclina hacia mí, y entre la interminable maraña de sus rizos, aparece la amorosa juventud de la madre. ¡Qué pobre y pueril aparece ahora la luz! – ¡Qué alegre y bendita la despedida del día! Sólo porque la noche aleja de tí a tus servidores, sembraste en las inmensidades del espacio las esferas luminosas que pregonan tu omnipotencia – tu retorno – mientras dure tu alejamiento. Más celestiales que aquellas brillantes estrellas nos parecen los ojos infinitos que la noche abrió en nosotros. Más lejos ven ellos que los pálidos ojos de aquellas incontables legiones – sin necesitar la luz, sus ojos atraviesan la profundidad del alma enamorada – llenando de indecible deleite un espacio más alto. Gloria a la reina del mundo, la gran mensajera de universos sagrados, la protectora del amor dichoso – ella te envía hasta mí – mi tierna amada – adorado sol de la noche – ahora permanezco despierto – porque soy tuyo y soy mío a la vez – tú me has anunciado que la noche es vida: tú me has hecho hombre – mi cuerpo se consume en ardor espiritual, y convertido en aire, que a ti me una y que íntimamente me disuelva, y eterna será nuestra noche de bodas.

3

Antaño, cuando derramaba amargas lágrimas, cuando disuelta en dolor mi esperanza se desvanecía, estando en la estéril colina que en estrecho y oscuro lugar albergaba la imagen de mi vida – solo, como jamás estuvo nunca un solitario, hostigado vivía por un miedo indecible – sin apenas fuerzas, sólo un reflejo de la miseria. – Cuando buscaba auxilio a mi alrededor – avanzar no podía, retroceder tampoco – y un anhelo infinito me aferraba a la vida fugaz, apagada – entonces, desde la distancia azul – desde la altura de mi antigua dicha descendió un estertor de desfallecimiento – y de repente se rompió el vínculo del nacimiento – las ataduras de la luz. Se desvaneció la gloria terrenal y con ella mi tristeza – la melancolía se fundió en un mundo insondable y nuevo – y tú, entusiasmo de la noche, sueño del cielo, viniste sobre mí – el entorno se fue levantando lentamente; sobre el paisaje, suspendido flotaba mi espíritu, libre, vuelto a nacer. La colina se convirtió en una nube de polvo – a través de la nube vi los rasgos transfigurados de la amada. En sus ojos descansaba la eternidad – cogí sus manos, y las lágrimas se convirtieron en vínculo centelleante, inquebrantable. Pasaron milenios huyendo hacia la lejanía, como tempestades. Abrazado a su cuello lloré lágrimas extasiadas por la nueva vida. – Fue el primero, el único sueño – y desde entonces sólo vivo una fe eterna e inalterable en el cielo de la noche y en su luz, la amada.

Novalis

Versión de Rodolfo Häsler

24 de agosto de 2006

Mis lectores

MIS LECTORES

Un viejo vagabundo en Addis-Abeba
Que ha conquistado muchas tribus,
Me envió con un lancero negro
Un mensaje hecho con mis propios versos.
Un teniente veterano en mil batallas
Cierta vez en el mar del sur,
Bajo el fuego de baterías enemigas,
Me leyó toda la noche mis versos.
Un hombre que entre el gentío
Disparó al enviado del zar,
Se acercó a darme la mano,
Agradecido por mis versos.

Mis lectores son fuertes, perversos y alegres,
Asesinos de hombres y elefantes,
Pueden morir de sed en el desierto,
O congelarse al borde del eterno hielo;
Son leales a nuestro planeta
También alegre, fuerte y perverso,
Y llevan mis libros en sus bolsas de viaje,
Los leen en los palmares
O los olvidan en los barcos que naufragan.

No los ofendo con mi neurastenia,
Ni los vejo con mi ardor espiritual,
No los canso con insinuaciones serias
Cuyo fondo no vale la pena.
Pero cuando alrededor silban las balas,
Cuando las olas rompen la borda,
Les enseño con mis versos a no temer,
A no temer y hacer lo que corresponda.
Y cuando una mujer de rostro hermoso,
Sintiéndose la más bella del mundo,
Les dice que ya no los ama,
Yo les enseño entonces a sonreír,
A marcharse para no regresar jamás.
Y cuando les llegue su última hora,
Una bruma roja y exacta cubrirá sus miradas.
Entonces les enseñaré a recordar
La vida cruel y bondadosa,
La tierra ajena y natal
Y les mostraré cómo comparecer ante Dios
Con palabras sencillas y sabias
Y a esperar de él, tranquilamente, su juicio.

Nikolái Gumiliov

Versión de Jorge Bustamante García

Haiku

¡Ay, el aire yerto,
campana en el frío,
ojos en la escarcha!

Juan Ramón Jiménez

De Cintio Vitier

TRABAJO

Esto hicieron otros
mejores que tú
durante siglos.
De ellos dependía
tu sensación de libertad
tu camisa limpia
y el ocio de tus lecturas y escrituras.
De ellos depende
todo
lo que te parecía natural
como ir al cine
o estar triste, levemente.
Lo natural, sin embargo, es el fango,
el sudor, el excremento.
A partir de ahí, comienza
la epopeya, que no es sólo
un asunto de héroes deslumbrantes,
sino también
de oscuros héroes, suelo de tus pisadas,
página donde se escriben las palabras.
Deja las palabras, prueba
un poco
lo que ellos hicieron, hacen,
seguirán haciendo
para que seas:
ellos,
los sumidos en la necesidad
y la gravitación,
los molidos por los soles implacables
para que tu pan siempre esté fresco,
los atados
al poste férreo de la monotonía
para que puedas barajar todos los temas,
los mutilados
por un mecánico gesto infinitamente repetido
para que puedas hacer
lo que te plazca con tu alma y con tu cuerpo.
Redúcete como ellos.
Paladea el horno,
come fatiga.
Entra un poco, siquiera sea clandestinamente,
en el terrible reino de los sustentadores
de la vida.

UN EXTRAÑO HONOR

El árbol sabe, con sus raíces y sus ramas,
todo aquello que puede ser un árbol:
¿o acaso también falta
a su mitad visible otro esplendor
que es lo que está sufriendo y anhelando?
No lo sabemos. Pero él
no necesita conocerse. Basta
que su misterio sea, sin palabras
que vayan a decirle lo que es, lo que no es.
El árbol, majestuoso como un árbol,
lleno de identidad hasta las puntas,
puede medirse cara a cara con el ángel.

Y nosotros ¿con quién nos mediremos,
quién ha de compartir nuestra congoja?
Ved ese rostro, escrutad esa mirada
donde lo que brilla es un vacío,
repasad como en sueños
esas líneas dolorosas en torno de los labios,
ese surco que ha de ahondarse en la mejilla,
la desolada playa de la frente,
la nariz como un túmulo funesto. ¡Qué devastado reino,
qué fiero y melancólico despojo, humeando todavía!
Sólo otro rostro podría comprenderlo.
Así nos miramos cara a cara, el alma desollada,
con el secreto júbilo insondable que nos funda,
que está hecho de vergüenza
y de un extraño honor.

Cintio Vitier

23 de agosto de 2006

Memorables

MEMORABLES
MÉMORABLES

Acuérdate de tu padre y de tu madre, y de la primera mentira cuyo olor indiscreto aún repta en tu memoria.

Acuérdate del primer insulto a aquellos que te hicieron: la semilla de la soberbia sembrada estaba, la rotura brillaba rompiendo la noche una.

Acuérdate de las noches de terror en las que la idea de la nada te arañaba el vientre y volvía a roerte, como un buitre, una y otra vez; y acuérdate de las mañanas soleadas en tu pieza.

Acuérdate de la noche de la liberación en que, al caer como un velo tu cuerpo desnudo, respiraste un momento el aire incorruptible; y acuérdate de los animales pegajosos que volvieron a apoderarse de ti.

Acuérdate de las magias, de los venenos y de los sueños tenaces; -querías ver, para ver cerrabas los dos ojos, sin saber cómo abrir el otro.

Acuérdate de tus cómplices y de vuestros engaños, y de ese gran deseo de salir de la jaula.

Acuérdate del día en que rompiste la tela y en el que, vivo, fuiste hecho prisionero, detenido allí mismo en medio del estrépito de los estrépitos de las ruedas de ruedas girando sin girar, tú en el interior, siempre atrapado por el mismo momento inmóvil, repetido, repetido, y el tiempo daba solamente una vuelta, todo giraba en tres sentidos innombrables, el tiempo sobre sí mismo se cerraba; y los ojos de carne veían sólo un sueño, sólo existía un devorador silencio, las palabras eran como cueros secos, y el ruido, el sí, el ruido, el no, el aullido visible y negro de la máquina te negaba -y el grito silencioso "existo" que oyen los huesos, que hace morir la piedra, del que cree morir lo que nunca ha existido, -y a cada instante volvías a nacer sólo para ser negado por el gran círculo sin límites, por entero puro, por entero centro, puro salvo tú.

Y acuérdate de los días que siguieron, cuando caminabas como un cadáver embrujado, con la certeza de ser comido por lo infinito, de ser anulado por el único existente Absurdo.

Y sobre todo acuérdate del día en que quisiste tirarlo todo, sin importar el cómo, -pero un guardián velaba en la noche, velaba mientras soñabas, él hizo que tocaras tu carne, hizo que recordaras a los tuyos, hizo que recogieras tus harapos, -acuérdate de tu guardián.

Acuérdate del hermoso espejismo de los conceptos y de las palabras emocionantes, palacio de espejos edificado en un sótano; y acuérdate del hombre que vino, rompió todo, te tomó con su áspera mano, te arrancó de tus sueños y hizo que te sentaras en las espinas del pleno día; y acuérdate que tú no sabes acordarte.

Acuérdate que todo se paga, acuérdate de tu felicidad, pero cuando fue aplastado tu corazón era ya demasiado tarde para pagar por anticipado.

Acuérdate del amigo que tendía su razón a fin de recoger tus lágrimas brotadas de la fuente helada a la que violaba el sol primaveral.

Acuérdate de que el amor triunfó cuando ambos supisteis someteros a su fuego celoso, rogando morir en la misma llama.

Pero acuérdate de que el amor no es de nadie, que en tu corazón de carne no es nadie, que el sol no es de nadie, enrojece al contemplar el lodo de tu corazón.

Acuérdate de las mañanas en las que la gracia era como un bastón que alguien empuña, que te llevaba, sumiso, a través de tus jornadas, -¡feliz el ganado bajo el yugo!

Y acuérdate de que tu pobre memoria entre sus dedos torpes dejó que el pez de oro se perdiese.

Acuérdate de quienes te dicen: acuérdate, acuérdate de la voz que te decía: no caigas, -y acuérdate del placer dudoso de la caída.

Acuérdate, pobre memoria mía, de las dos caras de la medalla, -y de su metal único.

René Daumal

Versión de Miguel Frontán

Haiku

vendí mi campo
y no puedo dormir:
croar de ranas

Tachibana Hokushi

Versión de José María Bermejo

De Alí Chumacero

POEMA DE AMOROSA RAÍZ

Antes que el viento fuera mar volcado,
que la noche se unciera su vestido de luto
y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo
la albura de sus cuerpos.

Antes que luz, que sombra y que montaña
miraran levantarse las almas de sus cúspides;
primero que algo fuera flotando bajo el aire;
tiempo antes que el principio.

Cuando aún no nacía la esperanza
ni vagaban los ángeles en su firme blancura;
cuándo el agua no estaba ni en la ciencia de Dios;
antes, antes, muy antes.

Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.

Alí Chumacero


EL SUEÑO DE ADÁN

Ligera fue tu voz, mas tu palabra dura
con vuelo de paloma sin más peso
que su inmóvil cruzar el mar del viento;
y persistes como un sonido bajo el agua,
desde mi piel al aire levantada,
ligera como fuiste, como esa ala
que olvidada del mundo se recrea,
convertida en ausencia y en olvido.

Vivo de oírme el cuerpo y de entregarme al tiempo
como a un rumbo sin luz la adormecida rosa,
como asoma en el sueño y luego muere
el cielo que una tarde contemplamos,
y oigo la vida en mí, su aliento te recuerda
ingrávida, en latidos desprendida,
con un temblor de silenciosas aguas
de su propia amargura renaciendo.

Sufres conmigo cuando sólo miro
que el amor es un cuerpo de imágenes poblado,
y caricia se llama a tocar el recuerdo,
a sentir las tinieblas en las manos
y en un esfuerzo inútil oponerse
a ese tiempo que arrastra nuestro duelo
hasta inclinar los labios a la nieve
y tender en ceniza nuestros cuerpos.
Te siente el corazón como un aroma
que en un eco perdiera sus imágenes,
y me palpo la piel tocando en ella
la tersura del agua donde yaces,
y después quedo solo, enamorado
de esta voz que del cuerpo se desprende
tomada en pensamiento, y en palabras te crea,
nacida nuevamente de mi sueño.

Alí Chumacero

22 de agosto de 2006

¡Escuchad!

¡ESCUCHAD!
ПОСЛУШАЙТЕ!

¡Escuchad!
Acaso, si las estrellas brillan,
¿es qué hay a quién le haga falta?
¿Es qué alguien quiere que estén?
¿Es qué alguien toma estas escupitinas por perlas?
Y a gritos,
entre polvaredas de mediodía,
se abre paso hacia dios,
teme que nadie le espere,
llora,
besa su mano nervuda,
ruega,
¡habrá por fuerza una estrella!
Clama,
¡no aguantará este calvario a oscuras!
Y después
anda inquieto,
con expresión de calma.
Le dice a alguien:
«¿Acaso ya no tienes nada?
¿No da miedo?
¡¿Sí?!»
¡Escuchad!
Acaso, si las estrellas
brillan,
¿es qué hay a quien le haga falta?
¡¿Es qué es preciso
que cada vez que anochece
sobre los tejados
se encienda siquiera una estrella?!

Vladimir Maiakovski

Versión de Gabriel Dols

Haiku

Me llamarán por el nombre
de caminante.
Tempranas lluvias de invierno.

Matsuo Bashô

Versión de Fernando Rodríguez Izquierdo

Generación del 27: Jorge Guillén

LAS DOCE EN EL RELOJ

Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
Sonaron con amor.
Los verdes eran grises,
El amor era sol.
Entonces, mediodía,
Un pájaro sumió
Su cantar en el viento
Con tal adoración
Que se sintió cantada
Bajo el viento la flor
Crecida entre las mieses,
Más altas. Era yo,
Centro en aquel instante
De tanto alrededor,
Quien lo veía todo
Completo para un dios.
Dije: Todo, completo.
¡Las doce en el reloj!

Jorge Guillén


CIMA DE LA DELICIA

¡Cima de la delicia!
Todo en el aire es pájaro.
Se cierne lo inmediato
Resuelto en lejanía.

¡Hueste de esbeltas fuerzas!
¡Qué alacridad de mozo
En el espacio airoso,
Henchido de presencia!

El mundo tiene cándida
Profundidad de espejo.
Las más claras distancias
Sueñan lo verdadero.

¡Dulzura de los años
Irreparables! ¡Bodas
Tardías con la historia
Que desamé a diario!

Más, todavía más.
Hacia el sol, en volandas
La plenitud se escapa.
¡Ya sólo sé cantar!

Jorge Guillén


PERFECCIÓN

Queda curvo el firmamento,
compacto azul, sobre el día.
Es el redondamiento
del esplendor: mediodía.
Todo es cúpula. Reposa,
central sin querer, la rosa,
a un sol en cenit sujeta.
Y tanto se da el presente
que el pie caminante siente
la integridad del planeta.

Jorge Guillén


HACIA EL FINAL

Llegamos al final,
A la etapa final de una existencia.

¿Habrá un fin a mi amor, a mis afectos?
Sólo concluirán
Bajo el tajante golpe decisivo.

¿Habrá un fin al saber?
Nunca, nunca. Se está siempre al principio
De una curiosidad inextinguible
Frente a infinita vida.

¿Habrá un fin a la obra?
Por supuesto.
Y si aspira a unidad,
Por la propia exigencia del conjunto.
¿Destino?
No, mejor: la vocación
Más íntima.

Jorge Guillén

21 de agosto de 2006

Canción para adormecer a Mitzoura

CANCIÓN PARA ADORMECER A MITZOURA

Hazle, Dios mío, una cabaña al sol,
en un rincón de vieja campiña,
no debe ser más alta que una flor
que sea del tamaño de una oreja.

Hazle una charca de agua bajo el sol,
y de un palo de fósforo una nave
para que en su azufrada cabecita
ella pueda tocar el infinito.

Dále una mariposa delicada
y una rana tallada en esmeralda
y, Dios mío, promete a su cabaña
algún calor en el bosque de absintio.

Dále también, Dios mío, los colores
y el papel de la China necesario
para que borroneando en él, Mitzoura,
diseñe los perfiles de tu gloria.

Porque, por fin, cuando todo esté listo,
Dios mío, el padre vivirá en su casa.

Tudor Arghezi

Versión de Pablo Neruda

Haiku

Sobre la arena
escritura de pájaros:
memorias del viento.

Octavio Paz

Sobre Helena...

HELENA
ELÉNI

Teucro: ...a la marina Chipre, donde el oráculo de Apolo mi residencia
decretó, mandando que impusiera a la ciudad el nombre
de la isla de Salamina, tierra en que nací.

Helena: Jamás estuve en Troya, sólo un Fantasma estuvo.
Mensajero: ¿Qué dices? ¿Batallamos allí por una simple nube?
Eurípides, Helena

“Los ruiseñores no te dejarán dormir en Platres”.

Tímido ruiseñor, en el aliento de las hojas,
tú que regalas música bañada por el rocío de los bosques
a cuerpos desunidos y a las almas
de quienes saben imposible su regreso.
Ciega voz, que palpas en la nocturna memoria
pisadas y ademanes –no me atrevería a decir besos–
y el amargo jadeo de alguna bárbara esclava.

“Los ruiseñores no te dejarán dormir en Platres”.

¿Qué son las Platres,? ¿Quién conoce esta isla?
He vivido mi vida oyendo nombres nunca oídos antes:
nuevos lugares y locuras nuevas de los hombres
o de los dioses;
Mi destino oscilante
entre la última estocada de un Áyax
y el hallazgo de alguna otra Salamina
me trajo aquí, a esta playa.
La luna
se levanta del mar como Afrodita;
abriga los astros del arquero, ahora asciende
al corazón de Scorpio, y todo así transforma.
¿Dónde está la verdad?
Arquero fui también en la guerra,
mi suerte es la de un hombre que erró el blanco.

Ruiseñor melodioso,
en una noche como ésta, sobre las playas de Proteo,
te escuchaban las esclavas espartanas
y alzaron su lamento,
y entre ellas estaba –¡Quién lo pensara!–
Helena.
Ella, a quien buscamos tantos años en aquel Escamandro.
Estaba ahí, en las orillas del desierto; yo la toqué, me habló:
“No es verdad, no es verdad” – dijo gritando.
“Yo no abordé jamás el barco azul.
Nunca pisé la varonil Troya”.

Ceñido el pecho, el sol en sus cabellos, erguida la figura,
sombras y sonrisas donde quiera
en sus hombros y muslos y rodillas;
Viva la piel, y con aquellos ojos de pestañas enormes,
estaba allí, sobre los bancos de un Delta.
¿Mas en Troya?
En Troya, nada – un fantasma.
Así lo dispusieron las deidades.
Y Páris, con una sombra yace, cual si fuera sólida;
Y nosotros matámonos los unos a los otros por Helena
durante diez inmensos años.
Grave dolor había llovido sobre la Hélade.
Tantos cuerpos arrojados a las fauces del mar,
a las fauces de la tierra.
Tantas almas trilladas como espigas en piedras de molino.
Y los ríos expiran entre el lodo la sangre
por una ondulación de lino, por una nubecilla,
un aletear de mariposa, por la pluma de un cisne,
por una prenda vacía, por una Helena.
¿Y mi hermano?
Ruiseñor, ruiseñor, ruiseñor,
¿Qué cosa es dios? ¿Qué cosa no lo es? ¿Y en medio de ambas cosas?

“Los ruiseñores no te dejarán dormir en Platres”.

Medroso pájaro,
En Chipre, besada por el mar,
donde hube de acordarme de la patria,
yo, solo, anclé con esta fábula,
si fábula es la mía,
si en verdad los hombres ya no acogerán más
el viejo engaño de los dioses.
Si en verdad
algún otro Teucro, al correr de los años,
o algún Áyax u otro Príamo, alguna Hécuba
o alguien desconocido, anónimo,
pero que hubiese visto un Escamandro
con aquellos aluviones de cadáveres,
no estuviera fatalmente destinado
a oír al emisario que descubre
cómo tanto dolor y tanta vida
se despeñaron al abismo
Por una prenda vana, por alguna Helena.

Giórgos Seféris

Versión de Paola B. Khanno

VARIACIONES SOBRE LA HELENA DE SEFÉRIS

No te dejan en Platres
dormir los ruiseñores.

Yorgos Seferis


No sé cómo puedes soportar tanta belleza.
No sé cómo, en la noche de tu alcoba,
puedes asumir esos ojos ardientes,
esa boca delineada por los delirios,
los huesos firmes de tu rostro,
la columna dórica del cuello,
los hombros en que se encaja
con equilibrio perfecto,
y esa ondulante catarata
de tu cuerpo
en el que cada curva
tiene su exacta dimensión
y todas se juntan
para crear
una armonía inusitada,
un canto a la carne
y al perfume que concentra
la belleza del mundo.
Intento describir
esa geografía alucinante
y no encuentro las palabras exactas.
No quisiera divagar, pues tal perfección
no soporta los excesivos lujos de la metáfora.
Exige lo literal,
un minucioso recuento
hecho con escuetos sustantivos
y cada sustantivo
como una línea
de dibujo japonés:
precisa en su trazo
y suavemente difuminada
para crear
la atmósfera de los sueños.
Supongo que a veces
te duele esta belleza
y lloras ante el espejo fascinado.
Ten compasión de ti misma
y de todos los heridos por tu vista.
Agradece al cielo esta belleza
y entrégala a los ojos del mundo
con la terrible sencillez
de las orquídeas que se abren
en la noche de la selva,
rodeadas de serpientes.

Hugo Gutiérrez Vega


HELENA
ELÉNI

Con la primera gota de la lluvia fue muerto el verano
Se empaparon las palabras que habían dado luz a claridades de
estrellas
Todas las palabras que te tenían a Ti como su único destino.
Hacia dónde tenderemos nuestras manos ahora que el tiempo ya no
nos considera
Hacia dónde dejaremos nuestros ojos ahora que las líneas lejanas
naufragaron en las nubes
Ahora que tus párpados cerránronse sobre nuestros paisajes
Y estamos -cual si la bruma nos hubiera atravesado-
Solos completamente solos rodeados por tus imágenes muertas

Con la frente en el vidrio velamos el nuevo dolor
No es la muerte la que nos derribará puesto que Tú existes
Puesto que en otro lugar existe una brisa para revivirte entera
Para vestirte de cerca como te viste de lejos nuestra esperanza
Puesto que en otro lugar existe
Un valle muy verde más allá de tu risa hasta el sol
Diciéndole confidencialmente que de nuevo nos reencontraremos
No, no es la muerte a la que hemos de enfrentar
Sino una sola gota de lluvia otoñal
Una borrosa sensación
La Fragancia de la tierra humedecida en nuestras almas cuanto más
se alejan

Y si no está tu mano en nuestra mano
Y si no está nuestra sangre en las venas de tus sueños
La luz en el cielo inmaculado
Y la música invisible dentro de nosotros oh! Melancólica
Pasajera de cuantas cosas nos retienen en el mundo todavía
Es el aire húmedo la estación del otoño la separación
El amargo apoyarse del codo en el recuerdo
Que brota cuando la noche va a separarnos de la luz

Tras la ventana cuadrada que mira hacia la tristeza
Que no ve nada
Porque devino ya una música invisible en el brasero una campanada
del gran reloj en la pared
Porque devino ya
Poema verso con otro verso un son paralelo a la lluvia lágrimas y
palabras palabras palabras
Palabras no como las otras sino que también ellas con un único
destino: Tú

Antes de mis ojos eras Luz
Antes del Amor amor
Y cuando te raptó el beso
Mujer.

Odysseas Elytis

Versión de Paola B. Khanno